El vínculo efectivo con los padres influye mucho.

La relación estable en el entorno familiar y el vínculo efectivo con los padres influye positivamente en la futura salud cardiovascular del niño. Por ello, se proponen medidas que promuevan estos vínculos.

Las adversidades vividas durante la infancia pueden menoscabar la salud cardiovascular en edad adulta, de la misma forma que unas relaciones estables y afectuosas con los cuidadores, generalmente los padres, desempeñan un papel protector y aumentan la posibilidad de una salud cardiaca óptima.

enfermedad autoinmune

Son algunas conclusiones de la investigación que publica Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes, revista científica de la Sociedad Americana del Corazón (AHA, en sus siglas en inglés) junto con la Asociación Americana de Accidentes Cerebrovasculares (ASA) y que, según los investigadores, sería el primer estudio que identifica un vínculo entre el entorno familiar infantil y la salud cardiovascular en diferentes momentos de la vida adulta.

Los resultados del estudio apuntan a que una relación positiva y cálida entre el cuidador y el niño aumentaría la probabilidad de salud cardíaca idónea en edad adulta, mientras que quienes hayan pasado más adversidades tienen un futuro cardiovascular menos prometedor. Por otro lado, se ha visto cómo puede impactar en la salud cardiaca de adultos la asociación entre la escasez de recursos económicos y las malas experiencias de la infancia.

“Sabíamos que la salud en la primera infancia sienta las bases para un futuro más saludable, y hemos comprobado que la forma en que los niños interactúan con los adultos también puede tener un impacto”, señala Robin Ortiz, investigadora principal del estudio.

Robin Ortíz, Investigadora principal del estudio

Esta profesora de Pediatría y Salud Pública en la Universidad Grossman de Nueva York sugiere que los adultos que tienen niños a su cuidado reciban apoyo para fomentar con ellos relaciones seguras, estables y afectuosas, “como forma de crear hábitos saludables en la infancia que perduren hasta la edad adulta”. Y a tenor de los resultados obtenidos, agrega que los profesionales sanitarios “deberían tener en cuenta la salud y el bienestar del hogar al abordar la salud cardiovascular a cualquier edad”.

LA CARGA DE LAS EXPERIENCIAS NEGATIVAS

Un acervo de literatura científica ya había reconocido que las adversidades en la infancia (maltrato infantil, hogar disfuncional, acoso, exposición a la delincuencia, discriminación, prejuicios y victimización) pueden ser determinantes sociales de las enfermedades cardiovasculares.

Hay suficientes estudios que asocian esas experiencias negativas infantiles con un mayor riesgo en edad adulta de trastornos de salud mental, abuso de sustancias e intentos de suicidio, pero también de enfermedades crónicas cardíacas, obesidad, diabetes y cáncer, así como de mortalidad prematura.